Heroes del Pixel: The Boss.

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No existen muchas madres en este mundo. Quizás no tantas como deberían. Nuestros héroes generalmente no tienen familia, no tienen mucha historia en cuanto a familia. Si existe, es un marco muy vago – a menos de que sean la razón de una venganza o un padre desconocido que resulta ser el villano al final (Gracias, Lucas). Pero siendo el día de hoy algo dedicado a las madres, me propuse buscar a una que resaltar. Una llamada simplemente, el jefe.

Líder y fundadora de la unidad COBRA que atacó puntos clave en el desembarco de Normandía (durante el cual estaba embarazada). Héroe condecorado de los Estados Unidos. Creadora del combate cuerpo a cuerpo moderno del ejercito. La madre de los cuerpos de acciones especiales. Doble agente del gobierno durante la guerra fría. Quien sino ella podría ser la figura materna y mentora de lo más parecido a lo que tenemos a Snake Plissken en el mundo del videojuego, un soldado con el nombre código Snake (con una descendencia que también daría que hablar). Se le podrán criticar muchas cosas a Hideo Kojima, su creador (Ahora se ha discutido mucho uno de sus personajes para The Phantom Pain, Quiet) pero vaya que a veces sabe cómo hacerlas.

The Boss (The Joy, su código de unidad) es quizás el personaje más interesante de la entrega de la franquicia Metal Gear: Snake Eater (para los que cuentan, la tercera de la saga Solid – precuela cronológica de los demás títulos). Funcionando como un personaje que varía entre antagonista y mentor durante el transcurso del juego, The Boss es quizás uno de los personajes más trágicos y a la vez más insultantemente todopoderosos con los que nos encontramos en este universo. No cualquiera puede guiar a una unidad de soldados especiales conformada por un francotirador extremadamente paciente (The End), un cosmonauta con una obsesión por el fuego (The Fury), un psíquico que habla con los muertos (The Sorrow), un loco que controla abejas (The Pain) y un predator humano (The Fear). Una persona que hace temer hasta los otros villanos. Un soldado que tuvo que acabar con su propia pareja por órdenes del gobierno. Alguien casi indestructible, y cosa rara en el mundo del videojuego, del sexo femenino.

La pandilla, en sus epocas felices. Cuando todos viviamos.

La pandilla, en sus epocas felices. Cuando todos viviamos.

Su traición al inicio del juego golpea muy fuerte al jugador. Dejado a morir en el medio de la nada y como único culpable de un incidente internacional que amenaza con acabar la tensa paz durante la guerra fría. Así que Snake debe volver al campo de batalla una vez más, esta vez para acabar con su propio mentor. Repetidas veces es advertido de su inferioridad en combate. The Boss le dice que se vaya, que renuncie. Si no, va a morir. Las probabilidades están en su contra. Obscenamente en su contra.

Soy un general cyborg que tiene poderes electricos, pero aun asi le temo a esta mujer.

Soy un general cyborg que tiene poderes electricos, pero aun asi le temo a esta mujer.

Pero las cosas nunca son tan sencillas en el universo de Metal Gear. The Boss no es simplemente una traidora. Está trabajando como doble agente, fiel a un gobierno que la desprecia y al que permanece leal aun a sabiendas de que ha sido desechada por el mismo, despojada de su hijo biológico y enfrentado a muerte por su hijo sentimental (nunca dije que no fuera un guion bastante trágico, casi un culebrón). Todos vemos venir la confrontación final, pero a la vez despreciamos su desenlace. Es obvio que uno tiene que morir. Una lucha a muerte, producto de la política y la guerra. El jugador escapa y triunfa, como siempre. Y además reclama su titulo, es el nuevo jefe. Pero el combate le ha dejado heridas. Ha perdido su ojo y una gran parte de su conciencia. Ha tenido que acabar con su madre, y con ello ha perdido el interés en servir a un gobierno que cambia de enemigos y de amigos a conveniencia.

Y ha sido humillado varias veces por una mujer, no lo olvidemos.

Y ha sido humillado varias veces por una mujer, no lo olvidemos.

Así que Kojima nos habla de la guerra, la política, la proliferación nuclear, el espionaje, y la guerra fría. Y solo tuvo que meter personajes como estos, un soundscore de Hollywood (literalmente, Harry Gregson-Williams ha hecho pistas sonoras para varias películas reconocidas) y unos cuantos mechas para hacerlo.

A veces a la discusión de temas importantes del mundo actual le hacen falta unos cuantos mechas para hacernos captar la atención. Y un Kurt Russel look-a-like. Nadie dijo que no había que hacer algunos sacrificios en nombre de la cultura. Y ese intro. Hágame un favor y véalo (y óigalo). Si eso no es una carta de amor a espías, mujeres fatales y ofidios, no sé que lo es.

Felicidades madres. Todas ustedes patean traseros todos los dias, en todas las cosas que hacen.

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