Crítica de fin de semana: Frozen.

Nieve!

Nieve!

Frozen grita “Disney de la Vieja Escuela”. Más un musical animado que una película tradicional, Frozen muestra que Disney ha evolucionado en ciertos aspectos técnicos, pero aun recuerda lo que lo hizo famoso. Después de todo, no solo queremos ver princesas bonitas y príncipes encantadores, ¿no? Si no estallan en canción de vez en cuando, no es clásico Disney.

La amistad con Pixar también les ha beneficiado. Frozen prueba que las últimas aventuras animadas – Brave (junto con Pixar) y Tangled (ya en solitario) no fueron golpes de suerte. Sus esfuerzos conjuntos les han dejado buenos frutos – aunque la animación y los efectos pueden ser confundidos con la mítica casa de animación – la historia, guion y música es puro y duro clásico Disney (entre sirenas, alfombras voladoras, bestias… y otras cosas).

Aquí, se basan en un cuento llamado La Reina de las Nieves (uno que nunca conocí, debo confesar), con una historia que puede tener muchos subtextos y significados, pero con una moraleja simple: Sé tú mismo, no lo ocultes.

Con un poder gracioso y a la vez altamente destructivo. Puro Disney.

Con un poder gracioso y a la vez altamente destructivo. Puro Disney.

Pero eso mismo es lo que tiene prohibido la princesa Elsa. Nacida con el poder del frio, es capaz de crear nieve y hielo a voluntad. Junto con su hermana Anna, el poder es la base de sus juegos infantiles y diversiones ocultas. Pero para sus padres es un riesgo. Elsa debe ocultarlo de los demás. Tras un accidente con Anna (uno que casi la mata), Elsa se recluye en el castillo… aparentemente para intentar controlar su poder. Aún de su hermana, que la extraña y la quiere – y no entiende esa separación.

Anna extraña su hermana. Inclusive llega a desconocer el poder de Elsa luego del accidente – tras una cura mágica que le borro la memoria. Pero Elsa debe abrir las puertas del castillo debido a una tradición milenaria cuando la princesa será coronada Reina – e invitar a las demás cortes del mundo – una fuente de estrés apara alguien que quiere permanecer oculto. Y tras malentendidos y una pelea con su hermana, Elsa desata un invierno en todo el reino, y escapa a la montaña más alta. Allí vivirá feliz, sin tener que esconder su poder ni lo que es a nadie.

Viviremos entonces la aventura de Anna en busca de Elsa para arreglar el clima del reino. Llegar a la cima será complicado, pero con la ayuda de un guía renuente y su reno será posible lograrlo. La película se mueve muy bien, con escenarios espectaculares donde el hielo y la nieve son protagonistas. Un poco de magia se hace presente con un muñeco de nieve con vida propia que acompaña a la partida de búsqueda de la reina. La inclusión de este personaje no se hace tan pesada como llegan a ser otros seres en otras historias animadas de la casa: Léase el genio de Aladdin, que al final termina cansando del histrionismo.

Eminentemente, los momentos musicales son los protagonistas. Recuerdan mucho los temas de los noventas, donde los sentimientos y las frustraciones se resuelven en canciones muy bien orquestadas y coreografiadas (en especial el número de Elsa al huir a la montaña – que podría ser llevado sin problemas a un musical cualquiera). Extrañaba ese aspecto de Disney, que quizás no se hacía tan evidente en Tangled o Brave – la nueva generación de princesas computarizadas – en contrario a las princesas tradicionales de lápiz y papel. Algo notable es que el foco de la película se centra entre las dos hermanas, que aunque en algunos momentos cae en la búsqueda de príncipes y parejas – la película está centrada en ellas, Elsa y Anna (algo de Girl Power!, pero aún hay que seguir trabajando en ello).

Si le pongo un pero a Frozen es el “giro” del guión en el cuarto final de la película. Lo encontré un poco forzado, especialmente en una película con una target de audiencia tan general, pero no afecta en general lo demás – pero era inevitable dados los personajes y las situaciones en las que se encuentran a lo largo de la historia.

Mi veredicto: En general, Frozen es entretenida, un sólido título de Disney para los pequeños y los grandes. Espectaculares escenarios junto con una banda sonora de Broadway… en el mejor sentido de la palabra. Altamente recomendada si aún recuerda esos clásicos de los noventas de Disney – está a la par de The Little Mermaid y The Lion King, entre otras. Si los musicales no son su tipo, quizás igual pueda sacarle fruto a esta historia, que los efectos son bastante chulos, y el humor es simpático y no demasiado complicado.

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