Los pixeles del año (II)

¡Todos atentos a la pantalla!

¡Todos atentos a la pantalla!

¿Qué hace que algo sea divertido? Si la diversión se mide por una reacción física, por una descarga de adrenalina o por una sonrisa que estalla en risas gracias a un cercano escape o por completar un nivel en el momento justo – estos juegos pueden ser llamados divertidos. Los gustos varían, sin duda, en esto de la diversión. Hoy quería hablarles de una mecánica que siempre me ha interesado… el escape. Hay algo liberador en estos escapes digitales cuando se hace una huida perfecta. Cuando las probabilidades están en nuestra contra, cuando estamos acorralados, sin ninguna esperanza. Nuestra habilidad y reflejos (junto con una dosis de suerte) logran sacarnos del peligro una vez más. Quizás detrás de ese escape perfecto están muchos intentos fallidos pero cuando se logra el escape, la satisfacción que se siente es algo supremo. Algo, diría yo, triunfal. Hemos vencido a la máquina una vez más. La muerte, tendrá que esperar el próximo nivel.

En este caso, mis dos títulos de hoy en estos pixeles del año podrían ser dos caras de una moneda. Uno divierte por la emoción de realizar un escape, por el logro de una huida exitosa de seres muy desagradables. El otro por la satisfacción de un robo bien hecho… o el completo desastre que ocurre al intentarlo.

¡Escapes del Año!

Finalista: Outlast.

Outlast es pura emoción. Con un ambiente que quizás sea uno de los clichés más usados en el cine del terror (el asilo lleno de locos violentos) el juego funciona por la mecánica básica de la huida. Encerrado en un sanatorio “abandonado”,  debes correr para poder seguir con vida. Huir y esconderse es la única opción posible.  Los escapes son frenéticos y muy emocionantes. Aunque frustra a veces la repetición de la mecánica cuando se está atorado en un sitio, cada huida, cada milagroso escape de los lunáticos en el asilo es una inyección de adrenalina. Para los fanáticos del horror clásico de saltos y sustos, Outlast es un sueño hecho realidad. Es un slasher movie donde tú eres la víctima, donde un Michael Myers te persigue y no hay defensa alguna – no hay un escape permanente, no hay un “estado seguro”. En las películas tienes la seguridad que el protagonista sobrevive al final, en Outlast no tienes esa garantía. Debes pensar rápido. Muy rápido.

Outlast es diversión y sufrimiento. Es tener miedo del próximo pasillo, de abrir la siguiente puerta. Miedo de no poder eludir una vez más al enemigo que está detrás de ti… ¿Quizás ese ruido chirriante de una puerta abriéndose sea él? ¿Quizás esta vez no haya un sitio para esconderse? ¿Es la sombra que se mueve más adelante?

Y como una sorpresa para la que el jugador se ha estado preparando, pero nunca está listo, es descubierto. Un salto en el sonido, un grito y una amenaza real – la carrera comienza una vez más. En una milésima de segundo debes reaccionar, comenzar a correr en el sentido contrario, mientras mentalmente buscas un sitio para perder al enemigo. ¿Será suficientemente bueno meterme debajo de la mesa? ¿Aún me tiene a vista? ¿Quizás la opción será colgarme de la ventana que vi dos habitaciones atrás? El tiempo no se detiene, piensa rápido o muere.

Y luego el triunfo de poder eludirlo, de poder escapar, sellar la puerta y continuar… en busca de la próxima amenaza. El terror ha vuelto. Y por Dios, espero que sea para quedarse.

Escape del año: Monaco: What’s yours is mine.

Un opuesto casi perfecto a Outlast, Mónaco es diversión clásica. Es recordar en justa medida el clásico arcade de Pac-man y el juego clásico de Policías y Ladrones que todos jugamos de niños. Todo envuelto en una ambientación genial, llena de dosis de humor y acción para toda la familia. Diversión sana y sin monstruos, lo prometo. Aunque aquí también no solo se puede terminar muerto, sino aún peor… en la cárcel. Algo tan opresivo para los amantes de la evasión.

Todo es mas fácil si se mira desde arriba.

Todo es mas fácil si se mira desde arriba.

Una banda de ladrones, con distintas habilidades especiales deben robar distintos escenarios en una huida desesperada de Mónaco. Suena simple, ¿no? Con un cerrajero, una mujer fatal y una artista del disfraz, debería ser un trabajo muy sencillo… Solo hacer un plan, tener cuidado y liberar esas riquezas aprisionadas en un banco o una embajada extrajera.

Planear el robo perfecto requiere una paciencia y planificación perfecta. Guardias armados y sistemas de seguridad sofisticados están en el camino. El plan debe llevarse a cabo con mucho cuidado, con una perfecta coordinación y disciplina… que se va al traste en un segundo cuando se es descubierto por un guardia y suena la alarma. Y en ese momento, el juego se torna en algo mágico. El escape es una serie de malentendidos, risas y griterío mientras se trata de sobrevivir y hallar un lugar donde esconderse de guardias tan celosos, que profieren amenazas en francés (como buenos monegascos celosos de sus riquezas… ¿no?).

Mónaco es simple, divertido y terriblemente adictivo. Jugado en single player pierde algo de su atractivo, pero en multijugador es algo del más allá. La confusión de los ladrones cuando suena una alarma, la satisfacción de un escape perfecto (o uno por muy poco) es algo que llena de orgullo. Limpiar los sitios de ese molesto dinero nunca fue tan placentero.

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