Volver a ver: Point Break.

Point Break“Me estás diciendo que el FBI me va a pagar para aprender a surfear?”

Johnny Utah

Ahora que la directora Kathryn Bigelow (dos Oscars!) es tan famosa, podríamos reevaluar una de sus primeras obras. Creo que quizás, ahora que han pasado ya más de 20 años, podemos apreciar la obra de arte que es Point Break (1991). Las películas, como les tratare de explicar en esta entrada, son capsulas de tiempo. Capsulas que nos hacen recordar lo mejor y lo peor de una era.

El argumento es sencillo y condensa una vibra de los noventa. Johnny Utah, agente novato del FBI es asignado para atrapar a una banda de atracadores de bancos llamados los Expresidentes. Su compañero, Pappas, tiene una teoría. Dado que en los videos de vigilancia se notan líneas de bronceado en uno de los atracadores y existen rastros de cera de surf en una de las escenas del crimen, deduce que se tratan de un grupo de surfistas. Johnny entrara encubierto en el mundo del surf para resolver el caso. Un mundo de adictos a la adrenalina, lleno de frases miticas.

Keanu Reeves con su acento de surfista, haciendo de agente del FBI (quien no lo ha visto en idioma original como Jonathan Harker en Drácula (1992), no tiene idea de lo divertido que puede llegara a ser ¡Es aun mejor!). Gary Busey (cuando aun parecía alguien normal) como su experimentado compañero. Y Patrick Swayze, bueno, nada más noventa que él, sinceramente, como Bodhi… el gran gurú del surf. y para rematar la faena,  una participación especial de Anthony Keidis (el lead Singer de Red Hot Chili Peppers) como un matón surfista neonazi.

La moda, la música, las maneras de hablar… la gran persecución de Johnny Utah (Reeves) a través de los suburbios, (donde aun no existía la fiebre del parkour) persiguiendo al expresidente Reagan. Con un final extraordinario… veámoslo juntos, otra vez.

Lástima que Youtube no me permita conseguir los épicos disparos al cielo, recreados hasta el infinito. Esperen, si…

Sin duda una joya para recordar, una pieza de museo. Como toda obra de arte, con el tiempo madura y permite apreciarla de otra manera. Cuando termine de verla por primera vez, quise ser surfista. Nunca lo logre, pero bueno, siempre llevare el espíritu de Bodhi conmigo, en la búsqueda de la ola perfecta. Los dejo con la sabiduría surfista de los noventa Bodhiana.

“No es trágico morir haciendo lo que amas. Si quieres la emoción más fuerte, debes estar dispuesto a pagar el precio”

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